
Guillermo Coria vuelve a un torneo de Grand Slam después de 21 meses de ausencia, desde su retiro en primera ronda del US open 2006. Regresa en Roland Garros, el certamen que en 2004 lo vio disputar su única final de uno de los "Grandes", y al que accede por dos motivos fundamentales: la baja de Roddick y su ranking (105) protegido.
El Mago ha buscado el retorno al circuito profesional con un ingreso paulatino y con metas cortas para lograr insertarse nuevamente, pero para concretarlo deberá olvidarse de las lesiones y los motivos que las causan, y tendrá que saber recordar.
Tener memoria no es malo, pero a veces olvidar tampoco. Aunque parezca una contradicción o un mero juego de palabras, es lo que debe plantearse el Mago si es que realmente quiere volver a los primeros planos.
Porque un jugador que sufre tantas lesiones seguidas, las que no le permiten competir de manera continuada, pone en riesgo su salud en un intento de recuperar el terreno que los problemas abdominales, de riñones, codo, hombro y hasta de espalda, le han quitado mes a mes.
Y no es que esté en contra de los intentos de Coria, sino por el contrario, los celebro. Pero temo por su salud, o porque aún no haya identificado el foco real que genera el “delivery” en su cuerpo y que provoca semejante catarata de problemas físicos que lo llevaron a abandonar en cuatro de sus seis presentaciones hasta inicio de esta temporada. Un número que hasta puede sonar alarmante si se lo compara con los retiros que sufriera desde el comienzo de su carrera en 1998.
Si bien ha podido responder en los diez encuentros disputados este año (a pesar del descanso que lo alejara en marzo de los challengers marroquíes), me gustaría intentar un desafío con Guillermo, recurrir a su memoria y explotar lo que él tan bien hacía: Estallar lo agresivo, la lucha, el talento y, por sobre todo, el desparpajo de interpretar un repertorio único. De esa manera, volverá a ser feliz dentro de la cancha y alejará de su cabeza la posibilidad de una lesión.
Si no es así, sus intentos sólo le acarrearán más problemas a un físico que ya cuenta con 26 abriles, y tendrá que evaluar hasta dónde conviene soportar ese dolor.
Pero estoy seguro de que el día en que Guillermo recupere la memoria, también va a poder olvidar.